domingo

El Farero y la Soledad (Relato sin pretensiones) Parte 4/4

Aquella noche fue larga, sentado en el saliente del faro, escrutó, ahora en silencio, el cielo estrellado, la noche no podía ser más perfecta, el viento dormía por detrás del horizonte, mecido tal vez por las pequeñas olas, la luna nueva apenas ocuCIELOESTRELLADOltaba el mosaico de estrellas, y mas que un astro esplendoroso parecía un desgarro en la negra tela del firmamento, todo parecía perfecto... pero algo fallaba, no era igual que otras veces en que esa soledad le había sobrecogido y llenado. Se dio cuenta entonces, que las cosas no son felices o tristes, sino que nosotros mismos l es infundimos e impregnamos el hálito que nos conviene, un cuadro como aquél que tenía delante, le había inspirado sentimientos distintos en otras épocas, a su mente acudieron miles de citas y frases leídas en soledad, acudían todas a empujar mas a su corazón hacia el abismo de amor, ahora entendía muchas de ellas, que, en su momento parecían complicadas y faltas de lógica, recordó en especial una de Shakespeare:

“Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más. Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla.”

Había llegado otro momento crucial en su vida, se enfrentaba a otra metamorfosis, quizás la mas importante, el capullo se abría sin remisión, su corazón bombeaba sangre a sus alas y estas se abrían temblorosas por primera vez.

La luz del sol tuvo el detalle de despertarlo con calidez, acurrucado en un rincón de la torre, bajó la escalera de caracol y miró los objetos de su casa como quien los ve por vez primera, allí estaban las fotos de sus padres... una suya con Lena, la perrita de su niñez, sus caracolas, sus revistas de s-sunset%20cadizviajes, los libros de su madre, e incluso la pipa de su padre, allí estaba su pasado, tras la puerta estaba, ahora lo sabía seguro, su futuro, solo necesitaba decisión... puso música... eligió “claro de luna” de Debussy por se la que en noches como la pasada solía elegir. Luego cuando la aguja del giradiscos empezó su recorrido, se dirigió hacia la puerta, iba a abrirla cuando alguien llamó, la abrió y de nuevo era ella, sonreían sus ojos, sonreían sus labios, sonreían sus manos y Berto también le sonrió.

- Hoy no vengo por agua, mis amigos y yo pensamos que si no te gustaría pasar una mañana tan hermosa con nosotros.

- Me encantaría – dijo él, y como si fuera algo normal y cotidiano salieron juntos hacia el grupo.

-¿Cómo te llamas?- preguntó ella mientras arrancaba una rama de hierba.

- Me llamo Berto –

- Yo me llamo Sole, Soledad.

Al oír esto, su mirada, la de él, giró hacia el acantilado, buscó la roca en la que tanto penó de pequeño, “Soledad”. no podía ser de otro modo, pensó.

viu1216580158vmh2En el faro, Debussy acabó de desgranar su Arabesco... la última pieza del disco, luego el silencio solo quedaba roto por el rítmico salto de la aguja en el disco ya acabado que continuaba girando.

Giraba el disco, giraría el faro aquella noche, girarían las estrellas en el techo del firmamento y la vida, como siempre, como no puede ser de otra forma, continuaría girando.

FIN

(Acabó la penitencia, espero opiniones, críticas, “tomates” dialecticos, algo que me haga pensar que alguien lo leyó)

Okawango

El Farero y la Soledad (Relato sin pretensiones) Parte 3/4

Como dije el faro de Berto estaba lejos del pueblo, un estrecho istmo de rocas soportaba un árido camino de tierra, al final del mismo apenas si se divisaban las primeras casas del pueblo. Normalmente nadie se acercaba al faro, solo algún chaval con su caña se arriesgaba a lanzar sus aparejos a unas aguas rocosas y traidoras para este tipo de artes, aparte de estos, apenas si había visitantes. Por esto fue que Berto quedó un tanto confuso cuando cierto día al subir a la torre vio un grupo de jóvenes, que sobre una manta charlaban animadamente en un recodo del camino... DSC02462cuando salió a la pasarela exterior una de las jóvenes miró hacia él, y con la familiaridad de quien saluda a un hermano levantó el brazo y lo saludó. Él no la saludó, estaba acostumbrado a saludar al sol, a la luna, al viento y las olas. Pero éstas nunca le habían contestado y menos aún le habían tomado la iniciativa, se sintió molesto consigo mismo... ¿quién era?, ¿Qué quería?, su mundo perfectamente solo se veía invadido por algo, alguien inesperado; Los observó desde detrás de los cristales, oculto por su atalaya, reían, jugaban, charlaban... luego cuando recogieron la manta y tomaron el camino de regreso al pueblo, la joven del saludo miró hacia atrás un momento, como buscando alguien de quien despedirse... como buscándolo a él. Los estuvo mirando hasta que sus figuras se perdieron en la lejanía, su mente se quedó vacía como cuando perdió a su madre y, como a ésta, deseó que volvieran.

Pasaron varios días hasta que volvieron los “intrusos”, escogió las mejores piezas, a su entender, para que se sintieran “cómodos”, disfrutaba con aquella función de “discjockey”, se sentía como el fantasma de la ópera vigilando desde bambalinas sus actores favoritos, como cuasimodo en la torre de Notre Damme. Cierto día mientras su amado Pavarotti cantaba “che gélida manina” alguien llamó a la puerta rompiendo el embrujo del momento, cuando abrió, ella estaba en el umbral, ella... al principio su rostro apenas se distinguía contra el rojo cielo del atardecer, luego la luz de sus facciones venció al paisaje y Berto observó, ahora detenidamente su rostro, su pelo moreno y ondulado, algo crespo por el viento, acotaban un ojos sonrientes, profundos y negros, su boca sonreía también, en su mano una botella vacía.

- ¿Puede darnos un poco de agua?

Berto desvió su mirada de la botella para fijarla en los ojos...

- ¿Qué si me puede llenar la botella?.

- Sí. si, claro – alcanzó a decir torpemente, cogió la botella y se dirigió al fregadero. Por el rabillo del ojo observó como ella, lejos de quedarse en la puerta entró en la casa con paso curioso pero decidido, no podía haber nada reprochable en la manera de hacerlo, pensó é20080207093847_caracolasl, mas aun, agradó a Berto aquella confianza.

- Que bonita colección de caracolas, ¿las has cogido tú?. – dijo ella mientras se acercaba al aparador, donde su “colección” de caracolas reposaba.

- Si, durante muchos años – dijo Berto observando , no sin fascinación como, de la treintena de caracolas, ella cogía su favorita.

Luego la soltó, tomó la botella de sus manos y se marchó. Cuando ya había salido, se volvió un segundo y casi le grito:

- Gracias por la música, por ella venimos aquí. Es preciosa.

Cuando cerró la puerta quedó inmóvil, petrificado, mirando el revés de ésta, algo había cambiado para siempre, algo en su interior había comenzado a arder y él sabía que no podría apagarlo, la sensación era parecida a la sentida cuando en sus lecturas Romeo se despedía de Julieta, pero más profunda. mucho mas profunda...casi sin fondo. Su universo estructurado y casi perfecto se desmoronaba a pedazos y caía en un abismo interminable. La parte más sensata de su corazón intentó poner sentido común a los sentimientos, recomponer aquél puzzle desordenado; cuatro frases, un saludo en la lejanía el primer día, y unas gracias, no podían bastar para socavar las rocas de su faro interno, Puccini con su Madame Butterfly se unía ahora desde los altavoces a este asedio asfixiante y sobrecogedor, haciendo más dolorosa la derrota de la razón a manos del sentimiento.

(Lo siento pero continuará)

Okawango

El Farero y la Soledad (Relato sin pretensiones) Parte 2/4

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De sus padres, de sus dos partes del mundo había heredado dos bienes “inmateriales” e invalorables. Su madre, que fuera una muchachita “bien” enamorada de “un farero mal” le había dejado su amor por la lectura, este amor había surgido sin presentaciones, la figura de su madre sentada en la hamaca leyendo todas las tardes, era posiblemente la imagen que más le perduraba de ella y además fue suficiente reclamo para que la curiosidad del niño buscara en los renglones respuesta a la fascinación materna. De muy pequeño, apenas tres años, ella le había enseñado a leer en las noches de invierno, el pequeño sentado en su regazo, con un cuento en las rodillas y ella de incansable educadora, en su silabeo infantil. Cuando la imagen de su madre solo fue un doloroso recuerdo, refugió su mirada en los libros que ésta tanto amaba, tal vez, inconscientemente buscó algo de ella en los texto. Lo cierto que en su “alta guarida” había leído todo los que en su edad le era comprensible, así había viajado con Ismael en busca de Moby Dick, había rescatado el tesoro con Long John, había naufragado en una isla desierta y solitaria, había conocido los fondos marinos en submarinos, los cielos en globos, incluso la luna en naves impulsadas con cañones. Durante esos días no estaba solo, se sentía terriblemente acompañado, pero notaba la ausencia de alguien a quien hacerle partícipe de sus vivencias, a quien contagiar sus alegrías y sus penas. Pero... solo estaba el mar, solo el cielo, solo las rocas. solo.

De su padre había adquirido otro gran amor... la música. Su padre, que de pequeño aprendió a tocar el violín amaba a Mozart, a Mendelsson, List, Ravel, Verdi, y tantos otros. Sus tardes estaban casi siempre acompañadas de música, y una buena pipa dulzona que llenaba la pequeña casa de sonidos y aromas, que por siempre quedaría fijados en la mente de Berto. A fuerza de escuchar, al principio como se escucha el mar de fondo, aquellas músicas, a fuerza de comprender sus movimientos, sus cambios, y estructuras sus subidas y bajadas, había transformado éstas en caricias, susurros, besos, dolor, pasión... y de nuevo, como pasó con su madre, el otro amor de su padre, se había convertido en amor suyo.

Un día cuando ya fue mayor, su padre tomó el camino del cementerio, para esta vez, no volver, su enjuta figura se había rendido a la muerte y de él solo quedaron su pipa dulzona y sus discos de música. De nuevo el dolor como una nube de otoño, tiñó su existencia durante un periodo, después, las últimas palabras de su padre deseando el encuentro con su madre había minorado el dolor, en la esperanza de que, donde estuvieran, estarían juntos.

Si hay que decir la verdad, habrá que decir que Berto no sintió, tanto la soledad, como la ausencia, acostumbrado como estaba a que sus existencias, la suya y la de su padre, viajaran juntas pero sin roces, paralelas, cada uno tenía un mundo que, lejos de girar uno sobre el otro, se traslacionaban juntos alrededor del universo del faro.

Berto tomó, pues, el puesto de su padre, para la administración este era un puesto que apenas si existía, recibía mensualmente su cheque, válido para pasar el mes, y cumplía su misión con pulcritud y constancia. El trabajo de farero existía pero como una forma de mantener su vida y universo actual.

No recuerda bien, cuando se le ocurrió la idea, lo cierto que es ésta fue gerrminando en su cerebro durante un tiempo, hasta que pareció completamente formada, después llegó el momento de hacerla realidad. Buscó revistas de electrónica y sonido, compró con sus ahorros los materiales y se puso manos a la obra.

Para empezar compró un nuevo giradiscos, éste lo conectó a un enorme amplificador y desde estos un manojo de cables serpenteaba por las escaleras de caracol hasta la torre del faro, luego, y esto fue lo más difícil tuvo que suspender y sujetar los cuatro enormes altavoces bajo la pasarela exterior de la torre, éste era el sitio mas DSC02465bseguro para que estuvieran al resguardo del agua y el viento. Cuando las conexiones estuvieron listas, una soleada mañana de marzo, buscó entre los discos, tardó en decidirse y finalmente sonó un Aria de la Opera Norma, Casta Diva de María Callas. Su voz cristalina como las olas en su retirada, voló por los acantilados como los alcatraces, ágil y serena, Berto subió a la torre y sintió como todo su mundo se encontraba por fin reunido en un momento, abrió los brazos, en el momento álgido de la diva y mientras su piel se erizaba, dos lágrimas, las que no supo echar cuando perdió a su madre y a su padre, recorrieron sus mejillas, luego se precipitaron al vacío, Berto era feliz.

Desde aquel día, la música pasó a formar parte del paisaje, se sentía como “ayudante” del creador, había “mejorado” la obra, haciendo del sonido, de la música, un compañero de la visión, la luz, el aroma, el olor y la brisa. Desde aquel día, la música no dejó de sonar, siempre que fue posible, desde la torre del faro, a veces era Brahms quien acompañaba las nubes, otras Dovrak bailaba con las olas, a veces Wagner luchaba con el viento, Mozart brincaba con las mariposas y libélulas, Vivaldi alegraba los carrizos y Pavarotti, cantaba “Torna Sorrento” al sol del mediodía.

(Lo siento pero continuará)

Okawango

sábado

El Farero y la Soledad (Relato sin pretensiones) Parte 1/4

Como cada mañana, Humberto abría los ojos cuando el sol, cálido y limpio entraba en su habitación por la claraboya del techo. Era aquella una secuencia mecánica, un hábito grabado en su quehacer diario como casi todo en su vida.

Luego subía a la torre y mientras apagaba el sistema contemplaba el mar, su eterno compañero, su soledad, su amigo. El sol se reflejaba en los cristales y lentes del faro y, aumentados por éstos tornaba de una fuerza cegadora. En lente de faroinvierno cuando los días de lluvia y frío pasaban y volvía el astro sol de nuevo, solía permanecer allí con los ojos cerrados, como un lagarto en una roca, sintiendo como el calor del sol traspasaba sus ropas y su piel para calentar su espíritu.

Si alguien del pueblo hubiera investigado su vida detenidamente, la habría tildado de ¿monótona?, ¿Aburrida?, ¿Tediosa?; pero eso era lo visible, la piel de la manzana, Berto había llenado cada hueco de su vida con poquito de aquella soledad, con un poquito de aquellas playas, acantilados y rocas, su vida no estaba vacía, sobraban viajes, riquezas, ambiciones, él era producto de una vida, de una forma de entender las cosas. distinta, tal vez  ahí estuviera la diferencia.

Berto, como su padre era farero, desconocía si su abuelo también lo fue, siempre había vivido allí, con su padre y con el recuerdo de su madre. Ésta se” fue” cuando él apenas tenía nueve años, fueron unos años muy duros, su mundo dividido en dos hemisferios, uno para su padre y otro para su madre, se desgarraba como un árbol roto por un rayo. Se quedó sin una mitad, y de ese hemisferio perdido, solo brotó más y más soledad.

Recordaba sus largas horas sentado frente al mar, inmóvil. sin apenas pensar en nada, la mirada perdida mas allá del horizonte mientras su corazón supuraba dolor contra las rocas. Igual que el amplio paisaje, no existía cobijo para su dolor, no había hueco para tanto vacío.

Ni su padre, sumido en la desesperación, ni su escasa familia, en las peregrinaciones de consuelo que les hacían, lograron cambiar nada; se limitaron a retirar casi todas sus fotos y recuerdos de la casa, a traer provisiones los primeros días para evitar la inanición y a observar entre calladas lágrimas como Berto ,sentado e inmóvil sobre la roca, fijo como una estatua, penaba la pérdida como la mujer del marinero espera, en vano, la vuelta del navío desde el horizonte.

En aquellos momentos, sin tener ni edad ni conciencia para ello su mente tejió un plan para subsistir, una forma de sobrevivir a tanto dolor, Berto se encerró en su pequeño universo personal y durante años habló con las olas, conversó con el sol, y gritó con el viento. Veía ir y venir a su padre al cementerio, por el yermo istmo que unía el faro con el pueblo, con paso cansino, cabizbajo, la figura negra de su padre mas bien podría ser la de un difunto que la de un viudo... Su padre nunca superó la pérdida.

Como dije, su universo se formó desde aquella mañana de primavera, aprovechó todo lo que emanaba vida, belleza; todo aquello que palpitaba orgánica o inorgánicamente le sublimaba, el volar de una gaviota, el brote de la flor, el movimiento de la arena por la playa movida por el viento, el cuenco de agua cristalina que dejaba la marea sobre las rocas planas. cualquier cosa que fuera observable, investigable, eran una fuente de distracción para Berto.

Pero la naturaleza no siempre estaba dispuesta a mostrarse desnuda ante sus ojos, había momentos, días, a veces semanas, en que el frío, el viento, la lluvia, los sitiaba en el faro como hormigas en invierno, como cangrejos ante la llegada de la marea. Aun en esos días, Berto tenía un observatorio privilegiado, una atalaya hermética y segura desde la que comprobar el enfado del mar con las rocas, el furor del viento con las olas y el llanto de las nubes contra los cristales, en esos días subía las escaleras del faro, y allí desde detrás de las lentes se sentaba a escudriñar el horizonte, el cielo, o el mar, miraba como la luz del faro chocaba contra las gotas de lluvia en su vana búsqueda de un horizonte oculto. Estos viajes a la “atalaya” solo tenían una restricción, los días de tormenta, cuando el cielo temblaba bajo el martillo de Thorn, Odín o Santa Bárbara bendita... entonces no se podía subir.

(Lo siento pero continuará)

Okawango

miércoles

CURSO DEL 63 - ¿CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR?

Desde hace unas semanas se viene emitiendo por Antena 3 un programa llamado "Curso del 63", no sé que intenciones lleva a una cadena de televisión a emitir semejante programa, por supuesto debe ser el interés económico, el "todo por la pasta" como lema puede llevar a ciertos medios de comunicación a presentar engendros a los espectadores, con el claro objeto de subir audiencia y, por lo tanto, beneficios.
Al grano, el programita en sí, es una especie de "Reality Show" en el que se toma a una serie de jóvenes de nuestra época y se les traslada 46 años hacia atrás para someterlos a una especie de "Guantánamo educativo" donde sufrirán los "rigores" de una educación muy estricta.
La primera pregunta es ¿Porque al año 1.963? ¿Porque no al 1940 de la posguerra? ¿O al 1812 de las guerras Napoleónicas?, ¿O al 1348 de la peste negra?, parece que se trata de ver sufrir a alguien para sentirnos reconfortados, ¿a esto no le llaman Sadismo?, ¿realmente creemos que sacaremos algo positivo de este "regreso al futuro" de pacotilla?, no entiendo en absoluto como puede gustar este reality casposo.

Siempre he odiado la tópica frase de nuestros padres,"al tiempo de la posguerra os llevaba yo" , y ahora resulta que nosotros hacemos lo mismo con quienes nos suceden, increíble. Es ¿el problema de la educación un tema de progresión o de regresión?, ¿Es necesario tener a los alumnos presos de una disciplina y formas NAZIS para que resulten hombres de provecho?

Otro tema es el de los "actores", tanto alumnos como profesores, dotados de indumentaria y atrezzos tan trasnochados como odiados, intentan representar una burda comedia de polémica y tensión que, a mi entender raya en el ridículo. Otra pregunta ¿alguien reconoce en esos alumnos al colectivo de la juventud actual?, ¿son todos así?.. Tal vez alguien esté intentando probar con este bodrio reaccionario que la sociedad educativa tuvo su punto álgido en esa fecha y desde ahí hasta hoy todo ha sido, desorden, libertinaje y decadencia.

Parece increíble que no hayamos aprendido nada de los que nos precedieron hace muchos siglos, los que crearon la escuela y la academia, dotándola de un carácter libre y placentero para provocar la sed de conocimiento.

En el año 306 a. C. Epicuro adquirió la finca llamada “El Jardín” en las afueras de Atenas y fundó su escuela de filosofía. Formada tanto por varones como por mujeres (gran novedad en las escuelas griegas), en ella vivió aislado de la vida política y de la sociedad, practicando la amistad y la vida estética y de conocimiento.
El objetivo de esta filosofía es (como el del resto de escuelas morales helenísticas) el arte de la vida, la realización de una vida buena y feliz. Para el cumplimiento de este objetivo Epicuro consideró que la filosofía tiene una doble tarea: combatir las ideas falsas que fomentan el miedo y el sufrimiento y crear en el sabio un estado de ánimo o talante favorable en toda circunstancia y lugar. Entre aquellas ideas hay que incluir fundamentalmente el miedo al dolor, el temor a la muerte, a los dioses y al destino; la parte de la filosofía que permite resolver estas cuestiones será la Física. La segunda tarea está en manos de la Ética.

Definitivamente hubiera sido mejor trasladarlos al año 306 a. C.



sábado

Javier Ruibal - Lo que me “canta” tu boca

RuibalCreo que fue una mañana supongo que luminosa del mes de Junio de 1983, tomé el tren hacia El Puerto de Santa María y tras atravesar el paseo de las palmeras continué esa calle hasta llegar a un establecimiento de discos,  (de vinilo si). Buscaba un disco en particular, era el primer disco de un nuevo cantautor llamado Javier Ruibal.

Lo había escuchado por primera vez en Radio Puerto FM, ya desaparecida, y como siempre en mi, guiado por impulsos e intuiciones me acerqué a comprarlo en el único sitio donde al parecer lo vendían. Aún lo tengo como quién conserva un regalo de su infancia.

En la portada un Ruibal joven y barbudo, parece posar algo forzado. Entre ese Javier y el que se presenta actualmente en los escenarios con una imagen sosegada, pulcra y de mirada limpia, apenas hay diferencia en lo artístico, las propias del aprendizaje vital, pero sigue existiendo en su música la misma poesía,las mismas raíces, el mismo sentimiento y el mismo alma.

Desde entonces, y disco tras disco, mi admiración por Ruibal solo ha hecho aumentar,  intentar explicar que tiene este artista que para mi lo hace único, es complicado, puede que este post sea el primero que hubiera querido incluir en mi blog pero me es ciertamente difícil expresarlo en su justa medida.

Ruibal es el sur, nacido en nuestra bahía rezuma por lo que escribe y canta todo lo que nosotros, los demás, no sabemos expresar, al menos de una manera tan poética y hermosa, así se percibe en su música, el rumor de las olas de ese mar omnipresente, el olor de calles y sus gentes, el color de sus sonidos y sobre todo la claridad de su luz.

"Ay que me importa a mi el levante,
si nos vamos por la orilla,
yo vivo el sueño del navegante,
y sueño que te llevo la sombrilla"
(Toito cai lo traigo andao)

Impregnado genéticamente, como todos sus paisanos, de estas sensaciones y dotado por la  naturaleza de una capacidad asombrosa de poetizarlos y musicarlos, el sur del sur está en todas y cada una de sus canciones, aunque hable de un gitano en  Nueva York,  de una bailarina en Paris, Estambul,  Lisboa o  La Habana. 

 
Ruibal es único; he escuchado odiosas comparaciones de quienes no le conocen con diversos artistas españoles, andaluces, vivos y muertos,  incluso del género de la copla pero ninguno puede acertar, Javier es único porque escribe "mirando"  al mar y la tierra que le rodea, "escuchando" al hombre y la sociedad que lo acoge y “sintiendo” el pálpito de lo que se mueve en su pecho.

 
Ruibal es comprometido, no limita su verso al halago amoroso, en el que es maestro,  o la sonora visualidad de su imaginación, percibe el sufrimiento el dolor y la injusticia y plasma sobre sus letras y en sus metáforas la agonía de un mundo insolidario y cruel con los que mas necesitan su apoyo.

"Ay Pelao, que sofocón,
que me ido sin despedirme
y te he roto el corazón"

(Ay, Pelao)

"Yo digo que el amor no avisa,
sube a ese tren que no espera
la vida pasa tan deprisa,
ahi afuera"

(Padre coraje)

Fiel a sus ideas dice Ruibal en un video mientras pasea por la playa de la Puntilla,  “Creo que estoy donde debería estar y donde, de alguna forma, lo que hago cobra mas sentido”, “estoy donde quiero y debo estar”. Hay que agradecer a este gaditano del alma que ejerza de ello y lo muestre como artesano al resto del mundo sin dejar sus raíces, porque tal vez como otros, emigrar a otras tierras mas frías y menos saladas le habría reportado mas fama y mas dinero a cambio de perder parte de su identidad.

“De todo lo que besé
no doy beso por perdido.
Pa’ que me vuelva a morder
con la locura de ayer
tu boca contra el olvido.
guardo un beso de reserva
para rodar por la hierba
cuando te vengas conmigo.”

(Para llevarte a vivir)

“Noche.
Verde caracol, la luna.
Sobre todas las terrazas,
blancas doncellas desnudas.”
(Sueño de  R. Alberti)

Finalmente, Ruibal es amor, difícilmente puede expresarse desde nuestra manera de ser, siempre el sur del sur, la inmensidad del amor, la grandeza de su sufrimiento y la tragedia de su pérdida. Las mujeres que pueblan sus canciones (Carmen, Aurora, Sara,  La bella de Lisboa...) son seres pasionales y frágiles que provocan en los que las rodean, tormentosas pasiones a su paso y hermosos cantos de amor.

" Ay, Ay Aurora,
el tiempo nunca pasó por ti,
yo sigo ardiendo
en la misma llama"

"Suspirabas por el puente,
como duele de repente
todo lo que tiene que acabar"

(Aurora)

Aunque nunca me creí mitómano quiero que quede claro mi fascinación por todo lo que sale de la mente y la guitarra de este trozo de nuestro sur, siempre he imaginado la diferencia entre veneración y admiración  como algo que me permitiría tomar café con Javier sin que ni él, ni yo sintiéramos la incomodidad del desconocimiento, espero que esto un día ocurra para poder llevar mi vinilo y un rotulador, hasta entonces solo desearle que siga mirando al mar y escuchando su corazón porque para escuchar lo que nos dice su boca ya estamos los que tanto le apreciamos.

viernes

TOMAR DECISIONES

En un libro de J. Luis Arsuaga u otro paleontólogo leí algo que me pareció interesante, decía más o menos. “Si ciertos pequeños homínidos que andaban a cuatro patas no hubieran tomado la decisión de elevarse solo sobre sus patas trmonoenpieaseras para, elevando el punto de vista, controlar mejor a sus depredadores o sus presas, probablemente el camino de la evolución hubiera sido distinto. Este, para nosotros simple gesto, además de darle mas seguridad y colocarlo en una situación ventajosa con respecto a otras especies, fue con el paso de los milenios modificando su estructura ósea, su columna, sus piernas, libero las manos para otros “trabajos”, e incluso modificó la estructura de su cerebro dando, posiblemente un empujón a la evolución de tan importante órgano en el futuro hombre”

De este párrafo destaco la frase “Tomar decisiones” porque probablemente sea la función más importante que realiza el ser humano. Desde que nacemos tomamos decisiones a veces inconscientemente, otras tras mucha deliberación, pero todas son importantes en la vida. De hecho, es tal vez esta, la capacidad de tomar decisiones, la que diferencia al hombre adulto del niño. Durante años de estudio y aprendizaje les enseñamos a realizar este acto con el mejor acierto, porque llegado el momento nadie podrá tomar decisiones por él, y solo aquellos a los que la naturaleza no dotó de la capacidad de raciocinio o con el paso de la edad la perdieron les seguiremos haciendo el trabajo.

Toda decisión lleva unas consecuencias, a veces las esperadas y deseadas, otras no, pero con el fruto de las mismas tendremos que vivir. Tomamos decisiones constantemente, al levantarnos, al comer al hacer deporte, al elegir con quienes vivir, siempre. La sociedad ha creado sus herramientas para que las decisiones que afecten al conjunto sean tomadas de acuerdo con unos criterios de acierto que pueden ser muy subjetivos, así por ejemplo reglamos desde las edades de estudio, la edad de la vacunación, el sentido de la circulación en las calles. El gobierno en sí es un grupo de toma de decisiones, los jueces, las administraciones, en fin, todos intentan tomar decisiones acertadas para la comunidad.

Después existen grupos que, conociendo lo complicado que es a veces para el se humano tomar un camino, intentan, y muchas veces lo consiguen decidir por nosotros, el mas claro ejemplo es la iglesia, que apoyada en unos textos mas o menos veraces crea todo un decálogo de tomas de decisiones, algunos muy evidentes, "No Moisesmatarás", "no robarás", "No cometerás actos impuros", etc. Y otros no tanto, "Santificarás al Señor", "no utilizarás preservativos" etc. Sobre esta base consiguen que grandes grupos se "liberen" de la necesidad y capacidad de tomar decisiones para que "ellos" (la iglesia) las tomen por nosotros, algo que en algunas ocasiones va en contra de nuestra evolución incluso. Pero no es necesario apuntar tan alto, me refiero a la iglesia, ¿que es una empresa de moda sino un ente que intenta que tomes las decisiones apropiadas, para ellos, a la hora de vestirte? , ¿Que son casas como Zara, Nike, D&G, Agata Ruiz...etc.?, ¿que son Nokia, Apple, o Microsoft?, ¿que son ING., Santander o Banesto? Son solo grupos interesados en que tomes las decisiones que a ellos les conviene, y que, a veces no todas, no son las mas apropiadas para tu color de ojos, bolsillo o creencia.

No se puede ser persona, en el mundo actual menos, sin tomar decisiones y esto, por lo jodido de algunas, es complicado. Es fácil decidir si echarás al café, azúcar o sacarina, pero no lo és decidir cambiar tu vida porque crees que no es la vida que querías, lo primero obligará al camarero a dar un viaje hasta la barra para coger sacarina, lo segundo afecta a los que te rodean, a los que quieres, aprecias o intentas proteger. No, no es nada fácil, porqué además chocará frontalmente con lo que establecen los "grupos direccionadores de decisión”, o sea luchas contra la idea de NO levantarse del suelo sobre dos patas, aunque para ti sea evidente. La misión de los creadores de juicio debe ceñirse dentro de lo posible a sembrar en la mente de los que queremos que tomen las decisiones, TODAS las opciones posibles, para que a la vista de ello, y sin menospreciar a ninguna, tomen la que parece mas lógica y razonable, aunque no nos guste. Marcar con rigidez la dirección en la toma de direcciones contaminando otras opciones solo puede llevarnos a perder esa capacidad que tuvo aquél primer homínido de otear un horizonte más amplio y sin saberlo él, un futuro más esperanzador.